Tras la decisión de no entrar a Micenas y seguir con nuestro camino, nos dirigimos hacia Nauplia, donde sabíamos que encontraríamos un pequeño y pintoresco pueblo costero. Habíamos leído que era uno de los lugares más bonitos del Peloponeso y en cuanto llegamos, pudimos confirmarlo.


Un lugar que parece sacado de algún cuento, lleno de callejuelas con colores vivos y plagada de olivos en cada esquina. Flores de colores violetas adornaban las fachadas y hacían contraste con la infinidad de casas también coloreadas. Las calles estaban abarrotadas de gente que disfrutaban de sentarse en las terrazas para disfrutar de las vistas, del lugar y como no, de la gastronomía tan fantástica de este país.


Nosotros llegamos justo a la hora de la comida, y como estábamos hambrientos tras haber recorrido la acrópolis de Corinto, decidimos hacer una pausa en uno de los restaurantes del casco histórico. Captó nuestra atención un bar pequeño que tenía las mesas y sillas en la misma calle, donde los colores y el olor que desprendían los platos que iban sirviendo a los turistas y locales que estaban sentados allí te invitaban a sentarte para disfrutar de ellos.
Como pensábamos en Micenas, sabíamos que nos quedaba aún mucho viaje por delante y sabiendo que no queríamos gastar mucho y también teníamos intención de descubrir uno de los platos míticos del lugar nos decantamos por los Gyros, en este caso de pollo y una cerveza fresquita, todo nos salió por menos de 10€.

Después de llenar nuestros estómagos, reanudamos de nuevo la marcha en busca de más rincones increíbles en aquel lugar que no dejaba de sorprendernos por toda la magia que desprendía.


Pasamos unas horas paseando y disfrutando de su casco histórico, hasta que decidimos dirigirnos hacia el punto más alto desde donde poder contemplarlo, la cumbre de una de sus peñas, un lugar desde el que se observaba una especie de acrópolis en su cima…
Tuvimos que utilizar el coche para llegar hasta allí, un rincón amurallado llamado la fortaleza de Palamedes, donde pudimos disfrutar de las vistas y de sacar alguna que otra foto de toda Nauplia para el recuerdo.


Tampoco entramos en la fortaleza ya que nuestro objetivo era poder ver la ciudad desde las alturas, y no teníamos ni idea de quien era o había sido Palamedes, pero pudimos apreciar el precio de la entrada, 12€. Parece que en los monumentos tienen una tarifa plana de entrada, a no ser que poseas un carnet joven o de estudiante, entonces este se ve reducido un 50%. Sergio me comentaba la posibilidad de hacernos con uno gracias al photoshop, y probar suerte…