Poco antes de llegar investigamos bien lo que esta isla podía dar de sí y nos decidimos por reservar cabaña en una zona que según google, parecía espectacular, un pequeño rincón de la isla conocido como Iboih.

Indonesia, un país sorprendente con más de 17000 islas alucinantes como esta…

Estudiando también conocimos que pertenece a la provincia de Banda Aceh, la zona más afectada por el devastador tsunami de 2004, y un lugar donde, entre otras cosas, se mantienen leyes tan estrictas y pasadas de tiempo como la de la Sharia, una ley según la cuál se puede ajusticiar a una persona por ser homosexual o mantener relaciones sexuales sin estar casado e incluso alguien puede ser azotado en público por darse un beso en un lugar público… comprendíamos que nos dirigíamos a un lugar remoto y bastante desconocido, seguramente sorprendente y fabuloso, aunque también entendíamos que con algunas cosas debíamos tener un poco de cuidado…

Debiamos conocer las leyes del lugar y saber respetarlas…

Hicimos el recorrido de Pangkor a Kuala Lumpur en un autobús que tras poco más de 4 horas nos dejaba en la capital, tras eso otro bus al aeropuerto donde haríamos noche para a la mañana siguiente dirigirnos a Banda Aceh y desde aquí, taxi al puerto y ferry de hora y media para llegar al paraíso. Una paliza que merecería, y mucho, la pena…

Vicky, algo alarmada como yo por el pasado y presente de esta región del mundo, investigó las reglas a que debíamos atenernos en la isla, y no parecía que las leyes en este islote fueran demasiado severas, únicamente debíamos comprender que solo en la zona de iboih estaba permitido el baño en bañador y bikini, que no podíamos pasear en bañador por la isla, y que los viernes por la mañana hasta las 14 de la tarde, una tradición invita a no realizar actividades de ocio ni bañarse en las fantásticas aguas del lugar, ya que es el momento de respeto a las almas perdidas, muchas de las cuales, más de 20 mil, perecieron en el tsunami del año 2004.

Peligro, zona de alto riesgo de Tsunami

Con todo esto en mente llegamos a la isla, y tras coger un tuk tuk y algo más de una hora (comprendimos que la isla era bastante más grande que las Perenthian o que Pangkor), llegamos al rincón elegido, Iboih, el paraíso…

Vistas de la playa de iboih desde la cabaña

Las fabulosas aguas de la playa de Iboih

Paraíso porque es un lugar remoto, un espacio de jungla que contiene preciosas cabañas con espectaculares vistas a una fina lengua de agua de espectaculares colores verdes y azules totalmente transparentes, que divide este rincón de su cercana isla de Rubiah, de frente y a unos 500 metros de distancia.

Nuestra cabaña vista desde el embarcadero

Nuestra cabaña estaba a pie de playa, o mejor dicho a pie de cala o de embarcadero ya que no había arenas sino un precioso embarcadero desde el cuál podíamos observar y descubrir preciosos peses de todos los colores incluso a decenas de metros de distancia, una especie de acuario gigante que podía ser observado incluso desde lo alto de nuestra cabaña. Alucinante pero cierto, y muy pronto meteríamos el pie y también la cabeza en tan fabulosas aguas…

Allí descubriríamos enormes morenas de color violeta, peces roca, peces escorpión, las Doris de buscando a Dori, peces luna, peces puercoespín, peces lagarto, napoleón e incluso serpientes o peces pipa, una variedad tan sorprendente y alucinante que nos hizo comprender que incluso el coral de las islas Perenthian se quedaba pequeño en comparación con el lugar donde nos encontrábamos.

Y si espectacular eran sus aguas y su fauna marina, igualmente las vistas desde la hamaca de nuestra cabaña al interior de una espesa jungla con gigantes árboles, monos, serpientes, gallos, cabras, gatos, jabalís y pájaros, y flores de todos los colores. Un espacio de pocos kilómetros cuadrados dónde realmente podías imaginar el paraíso.

Vistas de la isla de Weh desde las alturas

Una de las playas de iboih

 

 

Una jungla espectacular…

Los días los pasamos de la cabaña al agua y del agua a nuestra hamaca, pasando del frescor del precioso mar de Andamán a la agradable brisa de la jungla del norte de Sumatra, disfrutando siempre y en todo momento de vistas alucinantes. Un verdadero espectáculo para los sentidos…

Un paraíso que en uno de estos días un barquero nos comentó que hace muchos años, un fatídico día de Diciembre del año 2004, se convirtió en infierno. Según nos comentaba toda esa lengua de mar de 500 metros de ancho por varios kilómetros de largo que teníamos frente a nosotros, de repente desapareció para minutos después llenarse de un modo jamás imaginable, ocupando la entera extensión de aquellos montes y aquella jungla y destruyendo todo a su paso. El mar embravecido llegó a alturas mayores a los 30 metros, y como nos comentó aquel local, arrasó todo a su paso, y tanto nuestra cabaña como el entero resort o todos cuanto veíamos ahora en la zona de Iboih, desaparecieron de un plumazo, llevándose con ello cientos o miles de vidas.

Uno de los puertos de la isla de Weh con sus bonitos barcos de colores

Casas del poblado de Sabang

Por fortuna ningún tsunami del estilo volvió a estos lugares y aunque nos explicó que son varios los terremotos y avisos de tsunami que se dan cada año, no se ha vuelto a vivir nada como aquello, y los nuevos avisos se han quedado en solo sustos, ya que parece que no solo pueden prever el problema con tiempo suficiente, sino que aquella tragedia los mantiene en alerta ya que, aún viviendo en un lugar tan complicado geológicamente, los habitantes de este precioso rincón del mundo prefieren, aún con las dificultades y peligros que ello conlleva, continuar viviendo en el paraíso…

Y así haríamos nosotros durante varios días, cambiando únicamente una cosa, una cabaña de 250000 INR (rupias indonesas), algo más de 15 euros, a pie de embarcadero, por otra un poco (unos 30 metros) más alejada pero con vistas todavía más impresionantes algo más elevada, de 100000 INR (seis euros), otra paradoja de este fantástico rincón del mundo, un espacio salvaje y tranquilo, un lugar espectacular en el que puedes dar de comer a tus sentidos como jamás has sabido hacerlo, por muy poco dinero.

¿Se podía pedir más…?

Nuestras vistas desde la cabaña

Sin duda la isla de Pulau Weh, o mejor dicho la zona de Iboih, ha sido el rincón preferido de todo el viaje, un espacio donde durante unos días puedes sentir la vida en su máxima expresión.

Esta sería nuestra playa durante toda una semana….

Tocaba seguir soñando con nuevos horizontes…

Relax y felicidad… el viaje terminaba.,